Se impone la moda de castrar a todos nuestros perros, para evitar el aumento desproporcionado de la población canina; en muchas protectoras es un requisito imprescindible, para poder adoptar un perro o perra. Existe una alternativa a la esterilización: la vasectomía para los machos y la ligadura de trompas para las hembras. Con estas cirugías conseguimos evitar embarazos que no nos interesan.
Voces expertas dicen que, ya que estamos en una intervención quirúrgica, mejor retirar los testículos, y así podemos evitar futuros problemas de comportamiento, como orinar en sitios inadecuados, inquietud durante los celos, cáncer…
Ya que estamos podemos, también extraer los colmillos; de este modo nos aseguramos de que no hagan daño a ninguna persona u otro animal, porque cada vez son más frecuentes los ataques de perros y algunos son muy peligrosos.
Ya que estamos, amputamos el rabo, así será imposible futuras lesiones o heridas en la cola, total ¡no les sirve para nada! y ¡además les afea!
Ya que estamos, extirpamos las cuerdas vocales, nunca más podrán molestar a nadie con sus ladridos, así evitamos castigarles cuando molesten.
Ya que estamos… ¡podemos privarles de tantas cosas!, siempre, claro está, por el bien común.
Ya que estamos, lo que sea, ¡que más da!, nunca van a protestar.
Ya que estamos, cierro los ojos, ni veo, ni siento.
Demasiado salvajes para nuestro mundo civilizado.
Demasiado salvajes para nuestro mundo de salvajes.
Antonio Lara, un veterinario que harto de “capar” la naturaleza, no contempla la castración sistemática.